Me dice ella
– No lo se, dímelo tú quien es la que me lo recuerda todo el día – Le recuerdo mecánicamente.
– Se que me odias, nunca antes te he pedido que sientas lo contrario. No me amas de la manera en la que deberías, me lastimas casi todos los días. Pero yo no pedí estar aquí – Replicó.
Y le siento un poco de empatía cuando me mira con conmiseración. Y yo...Aunque deteste admitirlo, igualmente le siento de esa pena que te pesa más que la cólera. No recuerdo haberla querido ni un solo momento y cuando la veo simplemente me dedico a criticarla. A recordarle que siempre fue una desilusión para mi, y que las pocas veces que la quise un poco fueron aquellas en las que no me tomó la molestia de usar lentes, porque la odio aún más cuando se ve clara, con definición y a todo color. Ella derrama sus errores físicos e internos en mis lágrimas cuando yo simplemente me desahogo diciéndole a alguien en quién confío cuanto la detestó, que le quiten el habla porqué no quiero que la miren. Quiero que la odien tanto como yo y que finalmente me den la razón, tal vez si ellos comparten mi odio entonces no me pesara tanto, no me sentiré tan exhausta de tenerla como nemesis. No la admiro, así que ni si quiera la contemplo, pero aún así escucho como cae al suelo mientras solloza cuando le grito que no quiero ser como ella, que quiero ser todo menos ella.
¿Que se siente?
¿Odiarla tanto físicamente como odiar lo volátil y emocional que es?
No podría explicártelo...
Simplemente me acostumbre tanto que ahora me siento cómoda solamente llorando mientras veo lo que ella podría ser o tener, pero no, ella siempre fue una decepción.
Me acostumbré a que ella dejará que la hirieran y la hagan sentirse aún peor de lo que ya se sentia.
¿Que se siente?
¿Odiarme a mi misma?
Es la enemistad más nociva que tengo.

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